Belén Gache

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  Tres historias de pintores: un pie, un cangrejo y una barca sobre el mar

 

Texto para la presentación del libro Vademecum para artistas, de Horacio Zabala.
Centro Cultural de España en Buenos Aires, 17 de junio de 2009.

 

 

 

TRES HISTORIAS DE PINTORES: UN PIE, UN CANGREJO Y UNA BARCA SOBRE EL MAR
Voy a contar tres historias de pintores: un pintor occidental y dos pintores chinos.
La primera historia corresponde a la nouvelle La obra de arte desconocida, de Balzac. El joven Nicolas Poussin y el Maestro Frenhofer visitan el taller de Porbus.  Frenhofer les confiesa a sus colegas que está esperando que pose para él una mujer lo suficientemente bella como para inspirarlo y así poder concluir su obra maestra, una pintura en la que viene trabajando hace diez años. Poussin le ofrece pintar a su hermosa novia y, en efecto, la belleza de la joven le permite a Frenhofer terminar rápidamente su pintura. Entusiasmado, invita a un grupo de artistas a su taller para hacer su presentación. Pero cuando descubre el cuadro, puede ver claramente el desconcierto en la cara de sus invitados. Sobre la tela, ellos ven el pie de una joven, tan perfecto que parece vivo, pero lejos de pertenecer a su correspondiente cuerpo, este aparece perdido entre una serie de borrones y manchas de colores. Ante esta reacción no esperada de sus colegas, el Maestro Frenhofer rompe su cuadro y se suicida.

Ahora, los dos cuentos chinos:
El primero. En su libro Seis propuestas para el próximo milenio, Italo Calvino nos dice que, entre sus múltiples virtudes, Chuang-Tzu tenía la de ser diestro en el dibujo. El rey le pidió que dibujara un cangrejo y Chuang-Tzu le respondió que necesitaba cinco años y una casa con 12 servidores para hacerlo. Pasaron los 5 años y el artista aun no había empezado su obra. “Necesito otros 5 años”, dijo Chuang-Tzu, y el rey se los concedió. Transcurridos los 10 años, Chuang-Tzu tomó el pincel y en un instante, con un solo gesto, dibujó un cangrejo, el cangrejo más perfecto que jamás se hubiese dibujado.

El segundo. En sus Novelas Orientales, Marguerite Yourcenar nos cuenta que el viejo maestro Wang-Fo, tenía el poder de dar vida a sus pinturas. Un día, mientras recorría el país, fue mandado a arrestar por el Emperador. La acusación era la siguiente: cuando era pequeño, el Emperador, que vivía dentro del Palacio, sólo conocía el mundo a través de las múltiples pinturas de Wang Fo que coleccionaba su padre. Fascinado con ellas, ansiaba crecer para salir y poder ver todas estas maravillas. Pero al crecer y salir del Palacio, comprobó que el mundo distaba mucho de ser como las figuras pintadas por Wang-Fo y, en comparación, le pareció horrible.
“Me has mentido, Wang-Fo, viejo impostor” dijo el emperador y le ordenó terminar un cuadro de su juventud que, inconcluso, se conserva aun en Palacio: una pintura del cielo y el mar, en el que reposaba una pequeña barca. Luego de hacerlo, los soldados le arrancarán los ojos.
Wang-Fo empezó por teñir de rosa la punta del ala de una nube y luego añadió a la superficie del mar unas pequeñas gotas de color zafiro. El piso de jade del Palacio se humedeció de pronto. Pero Wang-Fô, absorto en su cuadro, no advertía que estaba trabajando sentado en el agua. La frágil embarcación se agrandaba con cada una de sus pinceladas. El agua llegaba ahora hasta los hombros de los cortesanos. Luego cubría sus cabezas. Las trenzas de soldados ya hundidos ondulaban sobre la superficie del agua como serpientes. La pálida cabeza del Emperador ahogado flotaba como un loto.
El maestro Wang-Fo subió a la barca, tomó los remos y se alejó de allí, dejando tras de sí un delgado surco que volvió a cerrarse sobre el mar inmóvil. Desapareció para siempre en el mar de jade azul que acababa de pintar.

En los tres cuentos encontramos el trabajo creativo, la idea de perfección, el tiempo. En los dos primeros casos, aparece el lapso de diez años. En el último, la urgencia. ¿De qué nos hablan estos tres ejemplos? Del fin de la representación. Del lugar en donde el arte y la vida se juntan, en donde el arte deja de ser arte y se convierte en realidad. El pie de mujer, el cangrejo, la barca sobre el mar, ya no son copias de originales reales sino que son reales por ellos mismos.

DEL VADEMECUM A LA FARMACIA CHINA
El libro que hoy presentamos se titula Vademecum para artistas. Horacio Zabala juega con la idea de vademecum (vade mecum: ven conmigo), libro de referencias, compendio de saberes. Normalmente, entendemos por vademecum  un catálogo de especialidades farmacéuticas dispuestas en diferentes conjuntos de acuerdo a sus diversas indicaciones terapéuticas, descriptas por grupos según su composición, dosificación, interacciones y contraindicaciones.
Siguiendo con los motivos chinos, y ya que hablamos de especialidades medicinales, recuerdo aquí a la farmacia china que cita Jacques Derrida en su libro La diseminación. Yo cito a Derrida y éste cita, a su vez, citará a Mao Tsé Tung:
”Si uno observa una farmacia china verá armarios con innumerables cajones cada uno provisto con una etiqueta: aligustre, ruibarbo, dondiego y todo lo que queráis. Este método ha sido adoptado también por nuestros camaradas.  En sus artículos y discursos, en sus libros e informes, utilizan primero las cifras chinas en caracteres mayúsculos, luego las cifras chinas en caracteres minúsculos, luego los signos cíclicos y los doce signos del zodíaco chino, luego también las letras mayúsculas A, B, C, D, las letras minúsculas a,b,c,d, las cifras árabes ¡y qué se yo qué más! Nuestros antepasados crearon tantos símbolos para nuestro uso que podemos abrir sin esfuerzo una farmacia china con ellos.”

En referencia a esta cita, Derrida señala dos cosas:
-por una parte, tal como lo dice Mao Tse-Tung, que la misma escritura se propone y presenta como un pharmakon, como una farmacia china (con sus categorías, sus reglas combinatorias, sus cajones y cajoncitos con modelos mentales).
-por otra parte, la estrecha relación entre el libro y la farmacia (el conocimiento, los saberes, las nomenclaturas, las etiquetas, las fórmulas, las recetas que tradicionalmente nos propone un libro).
De hecho, el vademecum de Zabala se parece bastante a una farmacia china: unos 300 cajoncitos con citas de unos 300 pensadores, entre los que podemos encontrar enunciados tan disímiles como los de Charles Baudelaire, Arthur Danto, Tristán Tzará, Lao Tzé, Blas Pascal, Fridrich Nietszche, Jorge Luis Borges y hasta yo misma.

UN ALEPH DE PALABRAS Y UNA SERIE DE MORDISCOS
El Vademecum para artistas de Zabala se presenta como “un aleph para artistas”.
En el cuento de Jorge Luis Borges, el aleph era un punto en el espacio que contenía en sí mismo a todos los otros puntos. Aquel que lo mirara podría experimentar, simultáneamente, la visión de todo lo contenido en el universo.
El texto de Zabala también se constituye como un texto de saberes simultáneos.
Se trata de un libro hecho de fragmentos, polifónico, hipertextual, descentrado.
En realidad, y siguiendo con la referencia a Derrida, el mismo acto de la lectura, al ser llevado a cabo por un lector activo, es para este filósofo un proceso caracterizado por la apertura y la intertextualidad, en el que continuamente se intersecan y disparan derivaciones, simetrías, recurrencias y oposiciones.
Ya en otro libro anterior de Zabala, El arte o el mundo por segunda vez, publicado en 1998 por la Universidad de Rosario, aparece la multiplicidad de citas de diferentes pensadores en referencia al arte. Cabe señalar que este libro fue concebido, en principio, como un proyecto para la Web, un proyecto interactivo subvencionado por el Centro Saint-Gervais de Ginevra.
Allí se señalaba:
“Si uno busca una respuesta a la problemática del arte, uno encontrará siempre demasiado. No hay una respuesta sino muchas.”

Se trataba de un “cuaderno interactivo” estructurado a partir de una serie de preguntas como las siguientes:

-La belleza y la fealdad, ¿son propiedad de las cosas o de la mirada?
- ¿Existe una relación entre el arte, el tiempo y la muerte?
-El arte contemporáneo, ¿es sueño o insomnio?
-etcétera.
Las preguntas eran respondidas mediante 1000 citas de 561 diferentes autores.

Vademecum para artistas también se nos presenta como un calidoscopio de diferentes ideas, como un magma de citas alrededor del arte de todas las épocas, de todas las latitudes, de todas las corrientes de pensamiento con quienes Zabala por momentos entra en diálogo y comenta.

Volviendo una vez más a Derrida, me detengo ahora en el concepto de cita como pedazo. En su libro Glas, dirá:
“L’objet du présent ouvrage, son style aussi, c’est le morceau. » (El objeto de la presente obra, así como también su estilo, es el fragmento)
La cita es el pedazo, es el “mordisco” y las comillas, claro, son los dientes. Lo que las comillas de las citas  proponen, según Derrida, es un arranque de las frases de sus textos de control, facilitando las extracciones y recombinaciones que permitan el juego de este texto aislado, sus nuevas potencialidades, sus resemantizaciones. Las comillas permiten tejer los diferentes hilos textuales de diferentes maneras, dando, lugar a nuevas líneas de sentido siempre coyunturales y cambiantes, siempre disponibles para insertarse en nuevos contextos, de manera ilimitada.

Vemos que Vademecum nos muestra a un Zabala más lector que escritor. O, en todo caso, que nos muestra una borradura de las tradicionales posiciones de Escritor-Lector. Porque, ¿qué es un lector? ¿Es acaso un re-escritor? ¿A dónde termina el trabajo de uno y comienza el trabajo del otro? ¿Donde está el límite entre sus respectivos dominios? ¿Cuál de los dos es el dueño del sentido? ¿En qué parte del proceso de la escritura y la lectura comienza a imponérsenos el Texto?  

En todo caso, como vimos, el acto de la lectura es siempre un acto intertextual que implica una serie de cadenas de lecturas previas, simultáneas y futuras.

BELÉN GACHE.

 

Honoré de Balzac (1962), Le Chef d´œuvre inconnue, La Comédie humaine comprenant, Paris, Garnier, T6
Italo Calvino (1989), Seis propuestas para el próximo milenio, Madrid, Siruela
Jacques Derrida (1993), La dissémination, Paris, Seuil
(1974), Glas, Paris, Galilée
Marguerite Yourcenar (1963), Nouvelles orientales, Paris, Gallimard
Horacio Zabala (2009), Vademecum para artistas, Buenos Aires, Asunto impreso, 2009